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Astor Piazzolla; el asesino del tango
Esta semana, concretamente el día 11 de Marzo, se cumplían 100 años del nacimiento de Astor Piazzolla (Mar de Plata, 11 de Marzo de 1921 – Buenos Aires, 1992), probablemente el músico que mejor supo reconvertir el tango y la música popular porteña.

Su formación inicialmente se basó en la música clásica, ya que residía en New York y allí no se enseñaba tango. Pero su padre, “Nonino” como le llamaban en casa, era un amante del tango y 

sentía un fervor enorme por la música de Gardel, así que le regaló un Bandoneón a su hijo. De esta manera Piazzolla iniciaba una carrera musical que con el tiempo le convirtió en un singular artista de gran talento que pasó de ser “el asesino del tango”, a una de las principales figuras musicales en cuanto a la música popular porteña se refiere. 
Estos días, releyendo la biografía del compositor, la cual me parece apasionante dicho sea de paso, pensaba en cómo suele repetirse a lo largo de la historia un cierto patrón de comportamiento, tanto del individuo en cuestión como del entorno. Me refiero a, por una parte, algunos rasgos de personalidad que comparten distintas figuras que destacaron o destacan en diferentes materias. Por otra, el rechazo que inicialmente el entorno suele mostrar frente a las nuevas propuestas o visiones que estos aportan.

  "Hemos de agradecer sobretodo que su propia convicción y perseverancia en la búsqueda de su “verdad” estuviera por encima de cualquier prejuicio externo, dejando tras su paso un legado capaz de cambiar la visión del mundo."

Figuras como Beethoven, Freud, Albert Einstein o el propio Piazzolla entre muchos otros, comparten cualidades en su personalidad y en su sistema de trabajo que les han convertido en personas muy notables y destacadas en sus ámbitos, pero también en incomprendidos y en ocasiones rechazados para su propia frustración y resignación. Hemos de agradecer sobretodo que su propia convicción y perseverancia en la búsqueda de su “verdad” estuviera por encima de cualquier prejuicio externo, dejando tras su paso un legado capaz de cambiar la visión del mundo.

Escuchando el famoso tango “Adiós, Nonino”, que Piazzolla compuso tras la muerte de su padre, me venía a la mente la famosa frase del célebre director de orquesta Sergiu Celibidache en la que afirmaba que “en la música no se trata de experimentar la belleza, sino la verdad. La belleza es sólo el anzuelo”. Pues bien, estas palabras cobraban todo su sentido al verme envuelto de una atmósfera pasional y profunda. Una sobredosis de emociones que golpean insistentemente lo más hondo de nuestra sensibilidad. “Nonino” era la figura más importante en la vida del compositor, y esta pieza de tan gran belleza muestra precisamente esa “verdad” llena de dolor y melancolía, capaz de describir de forma tan bella el estado de ánimo que impregnaba al autor. 

“Adiós Nonino” fué escrita en el año 1959, cuando estando de gira por Centroamérica, recibió la imprevista noticia del fallecimiento de su padre. Piazzolla, que ya se encontraba en un momento delicado por angustias económicas, y que además su gira había significado un fracaso en un intento de imponer el Jazz-Tango, sumaba ahora una profunda tristeza por el fallecimiento de su padre. Bajo esta presión, Piazzolla escribió la maravillosa canción cuando regresó a New York. 

Astor Piazzolla fue un apasionado de la música, a la que utilizaba como transmisora de sus sentimientos. Precisamente esta pasión fue lo que le mostró desinteresado en todo lo que no fuese música, y seguramente por esta razón lo consideraban una persona violenta y de mal carácter, pero en realidad sólo lo fue con aquellos que no entendían su música y le brindaban los más injustos ataques. Pero Piazzolla pudo hacer frente a aquellos que criticaban su música y dudaban de si podía o no considerarse tango su nueva visión de la música Argentina. 

Lo cierto es que Piazzolla, con gran formación musical en armonía, música clásica, música contemporánea y Jazz, supo conjugar todos estos lenguajes y reconvertir y elevar el tango hasta llevarlo al reconocimiento universal, incluso antes que en su propia Argentina, donde se le calificaba de snob irrespetuoso que componía música “híbrida”, con exabruptos de armonía disonante. 

Fue su pasión lo que le llevó a decirle a su nieto “Pipi”, cuando este le dijo que la facultad no era lo suyo: “Bien, pibe. Sé músico. Sé pobre, pero feliz”. 

Pep Vila (músico)


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